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‘La gran estafa americana’ de David O. Russell, una de las favoritas para los Oscar, exhibe un buen número de virtudes aunque no se correspondan con su meritorio previo a la gala
Las expectativas son, sin duda alguna, condicionantes si no
absolutos sí de relevancia mayor a la hora de encarar un relato. Sobre papel,
celuloide… tablet hoy en día, la
predisposición del espectador -en el ámbito cinematográfico, centrémonos en el
asunto- es determinante y éste es un punto capital a la hora de juzgar estas
cintas facturadas, distribuidas o promocionadas de cara a los Oscar como La gran estafa americana.
Como suele ocurrir en las semanas que preceden a esta gala,
las candidaturas para los Oscar y los réditos obtenidos en sus cada día más
prestigiosos hermanos menores, los Globos de Oro, aportan un veredicto previo
que, a menudo, pesa. Para el último film de David Owen Russell es una losa.
“Que le quiten lo bailao”, pensarán muchos con razón. El impulso que ha
obtenido la película merced a lo mencionado, consecuencia pura y explícita de
la esencia de esta industria, ha aupado ya a La gran estafa americana a un pedestal del que muy probablemente
caerá en unos días aunque ya haya adquirido un alto prestigio entre sus
potenciales espectadores. Afirmación rotunda susceptible de importantes matices,
eso sí.
La película de Russell se postula con sus diez aspiraciones
en la ceremonia que presentará la ácida Ellen DeGeneres -aunque un caramelo si
la comparamos con Ricky Gervais- como una de las triunfadoras de la noche junto
a Gravity, que la iguala en este
aspecto, y Doce años de esclavitud,
con nueve ocasiones en las que su equipo apretará los puños. Quizás la original
Her de Spike Jonze o Nebraska con un, dicen, magistral Bruce
Dern en un papel que era para Gene Hackman, pueden dar la sorpresa dentro de
una edición en la que no se atisban grandes triunfadoras.
Competente en todos los ámbitos, La gran estafa americana opta a estatuilla en los apartados más relevantes. Y es que aunque ignoremos el confeti propagandístico lanzado a sus pies por los jerifaltes de la industria, el film sigue siendo un gran trabajo. No obstante, en un año sin superproducciones redondas, la cinta de los Bale, Renner, Lawrence, Cooper o Adams es una de las que más se acercan a la definición, paradigma de Hollywood y de los Oscar por ende.
La notoriedad del responsable de la cinta, el neoyorquino
David O. Russell arranca para el vulgo cinematográfico con la muy competente Tres reyes (1999) aunque, en realidad,
Russell había llamado la atención de la industria cinco años antes con Sparking the monkey, Premio del Público
en Sundance, lo que le permitió filmar Flirteandocon el desastre, con Ben Stiller, Tea Leoni y Patricia Arquette. Tras la original Extrañas coincidencias (2004), el
cineasta de Nueva York comenzó a solicitar su ingreso en las grandes ligas de
manera arrolladora mientras levantaba sólidas suspicacias en un entorno que
observa atónito sus tres nominaciones seguidas a mejor director: The fighter, El lado bueno de las cosas y esta La gran estafa americana.



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